La suerte de conocer para tratar de entender diversidad y realidad

Roberto Ricci, dueño de Sant’Eustachio Il Caffè, viaja constantemente para conocer los lugares donde nacen y se cultivan los cafés usados en el tostadero. En su opinión, esta es la “la suerte de conocer para tratar de entender diversidad y realidad”. A continuación, algunos apuntes de sus viajes.

Abril 2008 – Guatemala - Presidia internacionales de Slow Food - Tierras altas de Huehuetenango
“En la cadena montañosa de los Cuchumantanes, en los municipios de San Pedro Necta, La Libertad, Cuilco, La Democrazia, e Totos Santos Chuchumantanes, Slow Food y la cooperación italiana, a través de tres asociaciones están realizando un proyecto de café guatemalteco, con el objetivo de vender el producto no solo en Italia. Se trata de un área con una vocación por el café de gran calidad, aunque las características de la bebida en taza son de elevada acidez, no muy apta a los paladares locales poco acostumbrados. Deseo a los agricultores que tras el apoyo económico el proyecto pueda seguir su camino por si solo.”


Febrero 2008 – Guatemala - Fedecocagua
“Consorcio formado por muchas cooperativas, distribuidas por todo el país. Es un protagonista del comercio justo por las cifras de venta que alcanza. Ayuda a los socios de las cooperativas en las labores agrícolas y en la venta del producto, y además imparte cursos, como el de cooperativismo. Todos estos esfuerzos se hacen para eliminar a los intermediarios entre productores y mercado.
Dispone de una excelente sala para degustación, donde se puede descubrir el sabor del café cultivado en Guatemala. Es un buen ejemplo de una realidad importante y de grande cooperativismo. El consorcio debería ayudar más a los pocos productores que emprenden el cultivo biológico, siempre menos difundido”.

Febrero y abril 2008 – Guatemala - Chajulense
“La asociación es una realidad importante. Por haber ayudado a un pueblo parcialmente exterminado, por haber mantenido tradiciones seculares en la recogida y elaboración del café, por haber buscado el comercio justo y haber decidido formar parte de ello. El Padre Rosolino ha sido la persona que ha unido a esta gente, los ha ayudado y los ayuda aún por este camino. Al final de la guerra civil, la asociación ha recibido del extranjero mucho dinero para realizar proyectos más allá del café, para toda la comunidad. Pero la gestión no ha sido muy cuidadosa, hasta arriesgar el cierre. Ahora la asociación está seguida por asesores externos que tienen el cometido de racionalizar la actividad y pagar las deudas, que han alcanzado el millón de dólares. Espero sinceramente que pronto puedan alcanzar una tranquilidad económica y no necesiten más asesores externos, y puedan concentrarse en la producción de café. Y emprender proyectos para la comunidad. Café excelente.”